En un laboratorio de vanguardia, repleto de investigadores de las más diversas disciplinas, pudimos entrevistar a innovadores que, literalmente, estaban imaginando y diseñando el futuro. Todo era convergencia, de tecnologías y de conocimientos, desde la arquitectura hasta la música.
Todo era inspiración y conversaciones audaces y desafiantes.
Así sigue el Media Lab hasta el día de hoy, con sorprendentes jornadas creativas, académicas, emprendedoras y productivas en espacios abiertos día y noche.
En ese contexto, hace 40 años, empezó a tomar forma el concepto humanware que me pareció tan interesante en ese tiempo y más todavía ahora con la ola de inteligencia artificial que nos abruma en todos los ámbitos. El humanware marca la perspectiva de mis clases y talleres, realizados durante los últimos diez años con alumnos, mayoritariamente de carreras de ingeniería, en la Universidad Adolfo Ibáñez y de la Universidad Santa María, ambas en sus campus de Santiago, Chile.
El humanware se puede resumir como el conjunto de habilidades y capacidades de los seres humanos que se potencian con la integración y aplicación de tecnologías digitales sintéticas identificadas como inteligencia artificial, en una interacción que genera una espiral de aprendizaje exponencial con transformaciones que impactan en todos los ámbitos de la sociedad.
+ Inteligencia Artificial (sintética y agéntica)
= Inteligencia Potenciada
Esta revolución cognitiva de la tercera década del siglo XXI plantea un desafío que parte por la necesidad de distinguir las características y los alcances de lo que hasta ahora hemos conocido como "transformación digital". Los cambios tecnológicos acelerados de hoy implican una redefinición (y adopción) de plataformas, herramientas, aplicaciones, redes y agentes que transforman nuestra manera de pensar, trabajar, producir, aprender y colaborar.
Ya estamos inmersos en un habitat digital omnipresente y dominante.
El uso cotidiano de smartphones por unos 5 mil millones de personas a nivel mundial, con todas las aplicaciones para todo tipo de servicios, más la incorporación de tecnologías en la gran mayoría de organizaciones públicas y empresas privadas, desde aeropuertos hasta supermercados, confirman que vivimos online muchas horas diarias de nuestras vidas.
Más que una "transformación digital", lo que surge como una necesidad, es la inevitable adopción y adaptación de nuevos modos de relacionarnos y de asumir que los cambios exponenciales provocados por la irrupción de la inteligencia artificial, nos cambia el diseño de la cancha y los reglamentos del juego.
Es más bien una transformación intelectual y cultural.
Es un desafío que implica preocuparnos de lo cognitivo, como nunca antes.
Los avances de la neurociencia nos están ayudando a entender mejor cómo percibir, aprender, razonar, tomar decisiones y resolver problemas. Eso, más la ayuda de los nuevos agentes artificiales o copilotos que nos responden en pocos segundos todas nuestras preguntas -y que ya nos resuelven tareas y procesos complejos- son recursos para potenciar nuestras capacidades y habilidades humanas.







